Desde Parga Costa da Cruz

14 Km           3h 30 min            25 min

A Cova da Serpe es la mayor elevación de la sierra del mismo nombre con 841 metros sobre el nivel del mar. El nombre procede de una caverna localizada en las cercanías de la cima, de una longitud de unos 12 metros, una altura en la boca de 2 metros y una anchura máxima de 5 metros.

Desde lo alto de este enclave puede contemplarse una vista panorámica de las provincias de Lugo, al este, y de A Coruña, al oeste. Situada en un hermoso paraje natural.

A Cova da Serpe forma parte de la reserva de la biosfera Terras do Miño.  Su localización, cercana al punto de confluencia de tres parroquias: As Negradas (Guitiriz), Anafreita (Friol) y Grixalba (Sobrado), la ha convertido en un punto de interés paisajístico y un referente en la cartografía gallega, convirtiendo a este lugar en uno de los miradores naturales con más encanto de Galicia.

El monte es ya citado en el siglo X como Cova de Serpente.

Leyendas

Existen dos leyendas diferentes en torno a la existencia de la serpiente.

Primera leyenda:

Aquí se habla de una serpiente gigantesca, que cuando iba a beber al río, situado a unos 8 Km de distancia, su cola aún permanecía dentro de la cueva. Los vecinos cansados de la voracidad del animal, ya que se decía que comía el ganado de un bocado, idearon un día una estratagema, le pusieron de cebo un burro untado en alquitrán y cuando la serpiente se dispuso a comerlo le plantaron fuego matando así al reptil.

Segunda leyenda:

Benta, hija de don Lopo das Seixas, señor de la Torre de San Paio de Narla, salío a dar un paseo a lomos de su yegua, pero ésta se asustó y se desbocó, y Benta no podía dominarla y refrenarla, entonces un muchacho campesino saltó al camino desde la cerca de un labradío y agarró reciamente el freno de la yegua y, merced a un férreo esfuerzo, consiguió dominarla, evitando que Doña Benta muriera pateada por el equino. Esta demostración de valentía, con tintes de heroicidad –o quién sabe si, sobre todo, su masculina y vigorosa apostura–, facilitó que la doncella se enamorase de él. El joven, por su parte, vio en aquella hidalga la aparición de una bellísima ‘fada’ que lo dejó irremisiblemente cautivado. Los jóvenes volvieron a verse muchas veces más y al final surgió el amor entre ellos. Don Lopo, padre de Benta, se enteró del noviazgo de su hija y no lo autorizó, ya que eran de diferente condición social, amenazándola con un severo castigo sino acababa con la relación. Benta, tan enamorada y plena de arrojo, dio a conocer al humilde labriego las graves amenazas de su progenitor. Y ambos, en medio de sollozos y besos, decidieron huir monte arriba a la búsqueda de un refugio en otros parajes. Al percatarse de que su hija había desaparecido, el señor ‘das Seixas’ dictó órdenes de que sin más dilación partiesen algunos escuderos así como hombres de armas de la torre-fortaleza, con el fin de perseguir a los fugitivos y asimismo dar muerte al mozo galán y retornar al castillo con su amada Benta. Al oír el galopar de los caballos, los enamorados se ocultaron en una cueva que en aquel monte descubrieron. Se quedaron petrificados de espanto, no obstante, al hallarse delante de una gran serpiente que erguía su desafiante cabeza hacia la joven. El muchacho, sacando un puñal, se interpuso e intentó cortarle la cabeza al ofidio, que logró esquivar el ataque. Con ligereza se enrolló alrededor del joven hasta el punto de dejarlo privado de todo movimiento y posible acción. Joven y sierpe lucharon con fiereza. El mozo consiguió hacerle a la cobra una herida de muerte en la cabeza. Pero las mordeduras y la presión del reptil acabaron con su vida. La joven, empavorecida, lloró y gritó. Y acudieron las gentes de don Lopo, quieres la devolvieron a su padre y a la torre de Narla. Se dice que Benta enloqueció y que acabó fundando un convento donde llaman Freiría. El chico lo enterraron en el atrio de la iglesia parroquial de Friol. El lugar donde se habían conocido y en memoria de aquel encuentro, se llama ahora Bertamil, próximo al lugar de San Paio de Narla.